Camina y conversa con su compañera inexistente,
en tonos bajos, imperceptibles, penitentes,
apacibles melodías sojuzgadas por timbres decadentes,
¡abusadores que cogen y raptan!, ¡matasietes!
¡cotidiana veleidad propuesta por inconscientes!
Camina y burla a cuanto espectador se cruza,
porque no son ellos quienes lo evitan,
porque no son ellos quienes lo notan,
andadores nefastos que perciben lo perceptible,
caminante virtuoso que percibes su indiferencia.
Camina y acaricia el piso, cabizbajo,
dejando tímidos rastros de su biografía,
por si quisieras admirar su sencillo pasar,
por si desearas abrigar su lacerante caminar.
Utópica compañera, ¿abrazarás su heroica hidalguía?
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miércoles, 26 de diciembre de 2012
sábado, 1 de diciembre de 2012
Fábula sobre una Revolución
Hoy criticaste a la Teletón a través de tu smartphone, caminando por Providencia...
...Mientras lo hacías, una abuelita te pidió ayuda para la Fundación Las Rosas, pero preferiste seguir mirando tu celular y comentando en facebook...porque eres un revolucionario del siglo XXI.
De todas formas, la abuelita se olvidó de ti rápidamente: Ella inmediatamente siguió alzando sus brazos y sacando la voz para que otra mano dadivosa se despojara de su smartphone por un breve instante para donar una moneda de cien pesos...y con un poco de suerte algo más.
Me quedo con tu revolución, abuelita.
sábado, 19 de noviembre de 2011
¡Me cansé, quiero ser concejal!
Preocupación (a modo de introducción)
Cuando veo la realidad de mi gente, me siento consternado, porque:
1° Ha existido una oligarquía que maneja los hilos de esta sociedad a su arbitrio desde que Chile es Chile;
2° Convivimos con una enferma pseudo-democracia;
3° La élite política (tanto de izquierda como de derecha) no representa a nadie, sólo se representa a sí misma.
4° Mi comuna, Independencia, es lastimosamente un ejemplo notable de acción política desgraciada;
5° Y, consecuencia de lo anterior, es que mi comuna sufre en el estancamiento y está sumido en una decadente realidad.
¿Qué hacer entonces ante la dramática situación actual?
La mayoría ha preferido auto-exiliarse del sistema político actual. No creer en nadie y vivir pensando en lo que hay que comer el día siguiente. O no creer en nadie y luchar en células activistas u organizaciones sociales, con resultados más o menos positivos, pero con muy limitado alcance, sea por la poca coordinación con otros entes sociales o por la cada vez más deprimida acción organizada de la comunidad.
La verdad es que mucha razón tienen para estar indignados e ignorarlos. Quizás así se puede vivir algo más tranquilo.
Sin embargo yo creo algo distinto: Podemos cambiar el status quo dando la lucha desde dentro, derribando las superestructuras que han sumido al pueblo en la pobreza económica y miseria intelectual, en la atomización comunitaria, en el asistencialismo y en el servilismo. Enfermedades que incluso nosotros terminamos promoviendo cuando preferimos ser gobernados por la misma élite política una y otra vez, porque no participamos como debiéramos hacerlo.
Ciertamente es también nuestra culpa el estado actual de las cosas, seamos humildes en reconocer nuestras faltas. Pero hoy ya es hora de actuar y poner las cosas definitivamente en su lugar, por primera vez en nuestra breve historia como país independiente; y nuestra aún más breve historia como comuna.
¿Cómo hacerlo?
Participando activamente, no solamente votando, sino también buscando representar al pueblo.
Es una oportunidad única en nuestra historia para que los jóvenes seamos escuchados. Las demás generaciones por fin han visto que somos capaces de cambiar el destino del país. El pueblo chileno ha reconocido en la juventud una oportunidad para poder construir una sociedad más digna y humana. La gente se ha dado cuenta que los jóvenes son la llave para hacer de Chile un país que respire verdadera y pura justicia, fraternidad, igualdad y libertad.
Creo que los jóvenes podemos tomarnos los asientos que otros ocupan de forma utilitaria y egoísta o con prácticas añejas que ya no sirven para una comunidad que necesita mucho más.
Creo que nosotros podemos revolucionar las cosas y hacer política decente. Que nuestra bandera de lucha no sea sólo decir que el otro no sirve, que el otro es malo y yo soy bueno. Nuestro discurso debe ser con contenido, no sólo protestando, sino también proponiendo constantemente. Debemos ofrecernos como medio para que la comunidad pueda ser verdaderamente escuchada. Debemos promover la acción y la lucha social, con respeto y fraternidad, sin exclusiones, escuchándonos y dialogando. Así todos juntos iremos avanzando a pesar de nuestras diferencias.
Chile ruega porque actuemos, ¡pues hagámoslo!...¡Y hagámoslo bien!
¿Y qué he decidido al respecto?
QUIERO SER CONSECUENTE, ACTUANDO CON JUSTICIA Y VALENTÍA.
POR LO TANTO, YO, PARA PRESCINDIR DE LOS MISMOS DE SIEMPRE, NO SOLO TENDRÉ A MANO MI VOTO COMO PROTESTA, SINO QUE VOY A DARLES LA MÁS DURA PELEA, CARA A CARA.
HE DECIDIDO SER CANDIDATO A CONCEJAL POR MI COMUNA: INDEPENDENCIA.
Porque me cansé de monsergas, peroratas y discursos llenos de odio e intolerancia, de endeble contenido y escasa utilidad. Y porque también me cansé de que la reacción sea dar la espalda para luego quejarse del sistema administrado por miserables elitistas, gente poco instruida o personas con muchas buenas intenciones, pero carentes de capacidad.
Para concluir: Un anhelo
Ojalá no ser el único joven que se atreva a dar este paso arriesgado. Me gustaría que muchos otros jóvenes se sumaran y llenaran los Concejos Municipales para hacer un país distinto y con toda seguridad mucho mejor.
Ojalá salir victorioso en esta dura batalla, luego de derribar mitos y encantar a muchos que hoy prefieren darnos la espalda.
Pero si mi empresa no culmina con una victoria, al menos deseo que la principal causa de mi derrota sea porque justamente otro joven lleno de ideales, con mayores conocimientos y capacidad de trabajo, y dispuesto a entender la acción política como un verdadero apostolado, ha logrado llegar al consejo comunal. Sólo así terminaría igualmente feliz, porque sentiré que Independencia ha cambiado y quiere algo mejor.
Mi objetivo y lema es uno sólo: Quiero hacer realidad mi sueño, porque así podré ayudar a mis vecinos a hacer realidad los suyos...
...Y ESTO NO SE TRANSA...
¡Revolucionemos la política!, ¡Revolucionemos Independencia!
MANUEL GAJARDO PACHECO
CANDIDATO A CONCEJAL POR INDEPENDENCIA
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miércoles, 6 de julio de 2011
Juventud: Protagonista en la edificación de una mejor Sociedad
¿Es relevante sugerir la relevancia de la participación juvenil en la construcción de un país, de una comunidad, cuando siquiera se tiene claro si podemos concebirnos como un “ser cultural” homogéneo?
La forma de esta pregunta pareciera avizorar que mi respuesta será un rotundo “NO”. Sin embargo, mi respuesta es un categórico “SÍ”, y justamente es la extraña dialéctica homogeneidad-dispersión que sufre el mundo joven la que constituye el fundamento de la importancia que merece detentar la participación juvenil en el gran desafío de construir una sociedad mejor:
Comencemos asumiendo un principio: Hoy la sociedad ha acogido el individualismo como modelo de vida. Gracias a este axioma abrazado por la gran mayoría de los miembros de nuestra sociedad, nos hemos convertido en personas sedentarias, poco asiduas a tareas comunitarias, apáticas –salvo la queja rutinaria contra alguna persona o contra el sistema en general que dura uno o dos minutos-, quedamos bien con Dios y con el diablo…en fin, podríamos seguir enumerando todas las consecuencias de este dramático hecho fundamental.
Cuando hablo de que este "principio enfermizo" ha infectado a la sociedad toda, incluyo sin lugar a dudas a la juventud. En consecuencia, igual padecimiento sufrimos nosotros los jóvenes: tendemos más a ser clientes de bienes, beneficios, productos, garantías o placeres inmediatos; y gozamos de cosas que nos llevan a una felicidad que más bien brota del egoísmo. De ahí quizás también venga la dispersión cultural que enfrenta la juventud.
A pesar de lo anterior, nosotros, jóvenes, en ocasiones tomamos conciencia de que -en tanto clientela de un sistema individualista- los placeres y beneficios que gozamos no se comparan con lo que nos ha tocado sufrir: una educación mediocre, un sistema social de mercado brutal, la mísera estimación y verdadera discriminación contra nuestras aptitudes para alcanzar espacios de opinión o de representación ciudadana, la imposición de una “dictadura de trabajos indecentes”…y la lista suma y sigue.
Generado, entonces, dicho “examen de conciencia”, felizmente reaccionamos de una manera extraordinaria, obligando -de forma casi beligerante- al resto de la sociedad a detener su agobiante caminar para escucharnos y asentir a nuestras reivindicaciones, o al menos tomar una posición que refleje una alta valoración de nuestra voluntad seriamente manifestada.
Asimismo, en estos “examenes de conciencia” y consecuentes “destellos de conciencia social de la juventud”, no sólo exponemos ante el resto, sino que también recordamos nosotros mismos que existen cosas que nos distinguen de las generaciones en edad mayores y menores: la capacidad para trabajar en conjunto, la pasión con la que luchamos por nuestros ideales, la necesidad de ayudar a quienes han sido postergados, las ansias por ver un sistema más justo, una quintaesencia ideológica liberal, una actitud "rupturista", progresista y pluralista, entre otras varias.
Los movimientos universitarios de hace casi una década; la “Revolución Pingüina” de hace unos años; la destacada participación en la construcción de viviendas de emergencia y en la recolección de donaciones luego del terremoto; y los actuales movimientos ciudadanos a favor de la protección al medio ambiente y por una reforma educacional estructural son claros ejemplos de que en tanto jóvenes en ocasiones actuamos asumiendo nuestro debido rol: protagonistas principales en las grandes revoluciones sociales que determinan el devenir de nuestra sociedad.
Con todo, cual destellos, nuestra conciencia como cuerpo social edificante del desarrollo socio-cultural desaparece al momento de participar en las organizaciones vecinales, en la administración local o en las grandes estructuras del Estado; y no consideramos que la participación en la acción pública vecinal, municipal, provincial, regional y nacional puede servir como instrumento generador de aquellos cambios sociales que buscamos mientras disfrutamos de los antedichos “destellos”; ora como ciudadanos participando y exigiendo nuestros derechos en las políticas sociales locales o nacionales, ora sufragando en las elecciones de los más importantes cargos de representación. Perdemos así esa homogeneidad adquirida, ese “ser social” que se hace cargo de la reivindicación de sus propios derechos y de la de otros: “ya no soy más juventud, he vuelto a ser sólo un individuo aislado del resto en edad joven”.
Las causas de esta paradójica situación son primero exógenas, luego endógenas:
Primeramente exógenas porque hoy vivimos, convivimos, participamos y fomentamos una sociedad adultocéntrica, del cual los grandes damnificados somos justamente los jóvenes. El adulto construye la sociedad, mas no la juventud, porque padece del prejuicio insensato de que no posee las aptitudes suficientes ni la conciencia necesaria para llevar a toda la comunidad a un estadio de desarrollo superior al actual. Hoy, la cuestión se torna mucho más seria, toda vez que si bien los espacios de libre expresión existen, sobre todo gracias a la revolución tecnológica de las redes sociales, todas las expresiones juveniles son subestimadas por el mundo adulto de una manera escandalosa:
La juventud no exige expresarse libremente,
porque ese derecho ya lo puede abrazar;
lo que reclama es que el resto sea capaz de escuchar
y asentir a aquello que manifiesta en libertad...
Lo antedicho es fuente de la causa endógena, toda vez que este aislamiento del mundo juvenil respecto de la construcción de una nueva sociedad produce una dejación, una apatía, una resignación tal que lleva al joven a dispersarse, a reducirse a un mero individuo que poco y nada le interesa el devenir de la comunidad que lo rodea.
Ante la disociación tan brutal explicada en las líneas anteriores, no puedo sino alzar la voz y sostener que la participación juvenil en el desarrollo socio-cultural de nuestra sociedad no es sólo un medio importante para alcanzar un mejor estándar de vida como sujetos particulares, sino también una verdadera necesidad que sólo emanará de una juventud altamente consciente de su derecho a hacer de esta sociedad una más feliz.
Animo a los jóvenes a despertar sus conciencias para que nosotros como juventud busquemos reconocernos y ser reconocidos por fin como un “sujeto social” digno de dignidad y derechos; para que luchemos por aquellos cambios estructurales a que aspiramos; y para que nos posicionemos como verdaderos co-gobernantes de nuestro país.
Es menester entonces concebirnos como miembros activos de nuestra sociedad, como la fuerza estructural y estructurante de los nuevos caminos por los cuales toda la comunidad va a continuar su caminar. Es un derecho adquirido el llevar las riendas del futuro de nuestro pueblo en comunidad con las otras generaciones anteriores; y es nuestro primer deber reconocer, proteger y defender este derecho, como asimismo reconocerlo, resguardarlo, fomentarlo y promoverlo para las nuevas generaciones.
Y habiéndonos reconocido como miembros activos, personajes principales en este Gran Teatro del Mundo que ha creado nuestra sociedad, debemos inmediatamente exigir, reclamar, luchar porque el adultocentrismo sea erradicado definitivamente del cuerpo social, cual virus que desaparece luego de un tratamiento médico.
Nuestra propia historia y la de nuestros pueblos hermanos son significativos ejemplos de ello.
¡Luchemos por ser reconocidos por todos como los mejores obreros con los que puede contar nuestro pueblo!.
NOTA: Esta es una versión extendida del ensayo que fue elegido para obtener uno de los cupos para asistir al VIII Encuentro Binacional Chile-Argentina, realizado los días 1 al 3 de julio del presente año.
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