Pues, Neruda,
fuiste estudiante perdido en el Crepúsculo,
pero capeaste fácilmente,
y quizás como nadie,
la amarga humedad de tu habitación
con aquella cálida brújula compañera,
de véspero rostro.
Por mi parte,
siendo estudiante perdido sin Crepúsculos cómplices,
puedo capear fácilmente,
y quizás como tú,
mi amarga habitación estudiantil,
con la cálida compañía,
de rostro crepuscular,
de quien sin ruegos aún accede a ser mi brújula.
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